“Usted no puede pasar. No tiene la tarjeta de citación” El pibe miró a su padrino. Este le había prometido una prueba con River Plate. “Se está equivocando señor” contestó el adulto “No tenemos la carta de citación pero le aseguro que el muchacho tiene autorización para probarse con el equipo” El portero del campo de entrenamiento negó con la cabeza “Sin tarjeta, no hay prueba”.
Por David Alba
El padrino dio un par de palmadas en la espalda del chico y lo invitó a abandonar el lugar. Mientras caminaban por las calles del barrio porteño de Belgrano le dijo: “Quedate tranquilo Ángel: te conseguiré otro equipo”.
“En la década de los Beatles y los Rolling Stones, la hinchada de Boca sólo cantaba un tema en las gradas de la Bombonera “Rojitas, Rojitas, Rojitas”
”Pienso que fui un jugador con mucha habilidad.” Comentaba el futbolista en una entrevista concedida el pasado año “Un tipo que salió del potrero y eso me ayudo a ser gambeteador [regateador]. Además hice muchos goles y le caí bien a la gente de Boca, en un momento malo de la institución que compraba muchos jugadores de afuera y no le respondían. Yo debuté joven e hice las cosas bien pero ojo que después lo tenés que demostrar y afirmar en los otros partidos para que no resulte una casualidad. Fíjese que estuve diez años jugando”
Sin embargo durante aquellos diez años el rendimiento de Clemente Rojas fue irregular debido a una grave lesión en los ligamentos de la rodilla y una maldición de doble filo que parece acompañar a los grandes genios de este deporte: la actitud irreverente. Esta actitud era la que hacía posible lo imposible dentro de un terreno de juego, la que levantaba a la afición con un regate; la actitud de alguien que no tenía reparo en cometer travesuras dentro y fuera del campo. En una ocasión, llegaba el Boca-River con Amadeo Carrizo, portero ‘millonario’ e institución en el conjunto bonaerense con el logro de haber conseguido mantener la portería a cero durante muchos partidos. Éste responsabilizaba su suerte a una gorra que siempre llevaba en la cabeza. Durante el calentamiento, Rojitas se acercó sonriente a saludar al gran arquero rival. Inesperadamente, el delantero de Boca levantó la mano y, ante la cara de asombro de todo el campo, le birló la gorra de la suerte a Carrizo. “Rojitas” salió corriendo por el campo aireando el trofeo mientras el guardamete lo observaba con ira. La risotada ante la chiquillada fue general. Así era Ángel Clemente Rojas, un tipo que no se amedrentaba ante las patadas o rivales que tuviera en frente, un hombre que no se postraba ante nadie: era un jugador excepcional con un talento irreverente.
“Su ‘inconstancia’ a la hora de entrenar lo llevó al ostracismo cuando ni siquiera fue convocado para disputar el mundial de Inglaterra en 1966 y al exilio peruano en el momento en el que, con 28 años, fue prestado al Deportivo Municipal”
Pero antes no hemos hecho mención al término “maldición” en vano. Como si se tratase de un mal pacto con el diablo, esta conducta también lo condenó en el fútbol. Su ‘inconstancia’ a la hora de entrenar lo llevó al ostracismo cuando ni siquiera fue convocado para disputar el mundial de Inglaterra en 1966 y al exilio peruano en el momento en el que, con 28 años, fue prestado al Deportivo Municipal. En Perú toco fondo y lo echaron del equipo por fumarse un cigarrillo en el banquillo, según dicen, cansado por su condición de suplente. ‘Rojitas’ regresó a Argentina pero ya no volvería a ser aquél jugador descarado y mágico que decidía los encuentros con su incuestionable talento. Se retiró en 1978 jugando en Argentino de Quilmes.
Pese a todo esto, lo que perdura en la memoria de la gente es la leyenda. Aún, a día de hoy, si se preguntara a aficionados de Boca cuál es el máximo ídolo xeneize de la historia, muchos se acordarían de Ángel Clemente Rojas, algo que tiene doble mérito si tenemos en cuenta que, en el conjunto bonaerense, han pasado los también ‘irreverentes’ Maradona y Riquelme. ¡Grande Rojitas viejo no más!















































